Él miró por la ventana y te invitó a seguir tu camino;
yo ojeo por la mirilla y, por si acaso, marco el 091.
Él comprobó que la pobreza era tu seña de identidad;
yo verifico que tus papeles no están demasiado claros.
Él no quería, por tu culpa, perder clientela;
yo no deseo, ya tengo bastantes, meterme en problemas.
Él te informó de una cueva, de un pesebre, de un chamizo;
yo sigo echando balones fuera: las instituciones, los gobernantes, tus curas...
Señor, en este Adviento de 2011
quiero convertir mi hogar en tu posada «cinco estrellas»
mi vida en tu morada perfecta, mi corazón en tu refugio ideal.
Fuera candados de intolerancia, fuera cerraduras de incomprensión...
Al emigrante que viene de lejos... ¡Puertas abiertas!
Al vecino que ha perdido su empleo... ¡Puertas abiertas!
A la anciana que vive sola... ¡Puertas abiertas!
Al enfermo que sufre en silencio... ¡Puertas abiertas!
A la mujer que ha perdido un ser querido... ¡Puertas abiertas!
Al compañero que no tiene amigos... ¡Puertas abiertas!...

 
 

Señor, no más excusas, no más disculpas... Este año «okuparás» (no habrá denuncia, te lo aseguro) mi hogar; Este año escogerás (y no te arrepentirás) mi vida; Este año nacerás (ya tocaba, ya lo necesitaba) en mi corazón.

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